Las Organizaciones

Celendín

Celendinas Luchadoras en Defensa de la Pachamama
Jóvenes Organizados de Celendín

“No conocía las lagunas, pero desde el primer momento que supe que estaban en peligro me dispuse a subir a defenderlas de la destrucción de la mina. No podemos vivir sin agua. El agua es la vida, por eso, por nuestra agua y por nuestros hermanos muertos en los enfrentamientos de julio de 2012 defenderemos las lagunas de Conga y el río Marañón, con nuestra vida si hace falta” nos dice emocionada una compañera del colectivo Jóvenes Organizados de Celendín.

Celendín es un hermoso pueblo de tonos blancos y azules, anclado en un valle de los Andes a 2.600 metros de altitud. La provincia es eminentemente rural, representando el 75% de la población, y la ciudad de Celendín se contagia de la forma pausada de hacer de la gente del campo, acoplada a los ciclos de la naturaleza.

Pero Celendín guarda un dolor y clama justicia. El paro regional indefinido que se inició el 31 de mayo del 2012, en contra del Proyecto Conga, se saldó con 4 compañeros muertos en Celendín y 1 en Bambamarca, el 3 de julio, en su 34 jornada de paro.

En Celendín encontramos a las madres de los caídos, sus padres y familiares, sus vecinos y vecinas, los compañeros y compañeras de escuela. Desde ese día, el pueblo se ha volcado en construir su resistencia pacífica frente al gobierno de Ollanta Humala, del que se siente profundamente traicionado, y la minera Yanacocha. Y se ha dispuesto a no olvidar, a dignificar las muertes de los mártires del agua y a pedir que se haga justicia, mientras construyen el nuevo mundo que quieren habitar lejos de las promesas de desarrollo de la minera Yanacocha.

“Celendinas Luchadoras en Defensa de la Pachamama” son mujeres que muchas de ellas han participado y participan de las asambleas de la PIC (Plataforma Interinstitucional Celendina). Además de estar en la lucha por la defensa del agua y de la vida con los compañeros y las compañeras en la PIC, una inquietud por tener un espacio propio para las mujeres les ha llevado a formar esta asociación.

A la pregunta de por qué os habéis constituido como una asociación de mujeres, responden dubitativas, se intuyen unas ganas de tener un espacio propio, de que sus voces se oigan más, un anhelo de hablar de sus cosas que no son las de los hombres, pero que no se atreven a expresar. Pero cuando las ves en acción no hay titubeos de cuál es su razón de ser. Juntas están construyendo una economía alternativa al modelo destructivo de la minera, a través de una tienda de productos ecológicos que inaugurarán en breve. Han encontrado, además, nuevas formas de resistencia a través del arte. Todo ello nos lo explican en el documental.

Cajamarca

Las Defensoras de la Madre Tierra

El Conflicto Conga claramente ha marcado un antes y un después en las vidas de las mujeres de Cajamarca. “Conga significa la unión, la vida, la fuerza de preservar nuestra historia y nuestra descendencia” nos dice una integrante de “ Las Defensoras de la Madre Tierra”. Parece una paradoja, pero el Conflicto Conga, con toda su crudeza, despertó las conciencias de las mujeres de la ciudad. Primero en la necesidad de preservar las lagunas y la naturaleza que les rodeaba y segundo abrió la dimensión de la unión.

No era el primer conflicto que originaba la minera Yanacocha en la región. La mina ya lleva operando en la zona desde 1993, y los moradores de Cajamarca ya sabían lo que era salir a la calle a defender su agua y sus tierras.

El año 2000 fue el derrame de 151 kilogramos de mercurio propiedad de la minera en Choropampa, comunidad a tres horas de Cajamarca. Más de 1.000 personas sufrieron intoxicación aguda y las secuelas aún persisten.

El año 2004, las pretensiones de expansión de la minera hacia el Cerro Quilish, originaron movilizaciones en las inmediaciones del cerro y en la ciudad. Quilish es un punto de inflexión en la línea del tiempo, ya que marca la escalada del conflicto a nivel regional. Campesinos y pobladores urbanos se dan cuenta que dependen de la misma agua y salen a defender la zona de subcuencas del río Grande y río Porcón. Este conflicto también evidenció el hartazgo de la población. Después de una década del inicio de las operaciones, la población se mostraba más exigente frente a las demandas ambientales y sociales que acumulaba la empresa, y reclamaban la reapertura de todos los canales de regadío que habían sido clausurados por la mina y un monitoreo independiente de la calidad de las aguas.

Es en este momento que la preocupación de los pobladores, sobre los planes de expansión de la minera sin mecanismos de control por parte del Estado, se traduce en una mayor organización y la construcción de un movimiento de oposición.

Pero es el estallido social Conga que revoluciona las mujeres y los hombres de la región de Cajamarca. Por situarlo en algún momento, podríamos poner el inicio del escalamiento del conflicto con la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del proyecto Conga por parte del Ministerio de Energía y Minas (MEM) en octubre de 2010.  Para mostrar su disconformidad con el EIA y el proyecto, los Frentes de Defensa de la región y las plataformas ciudadanas convocan una marcha pacífica hacia las lagunas y acuíferos a defender. Ante los oídos sordos del MEM, las negociaciones frustradas entre el gobierno central y los gobiernos regionales y municipales, y después de haber llevado a cabo un paro regional de unos 20 días que se reveló en balde para frenar a la mina, los frentes de defensa convocaron una Marcha Nacional del Agua. La Marcha empezaría el 1 de febrero en Cajamarca y llegaría el 9 de febrero a Lima, buscando el posicionamiento y el apoyo a nivel nacional e internacional.

Es aquí cuando vemos crecer la fuerza de nuestras compañeras, ronderas, mujeres del campo y de la ciudad. Se coordinan para cubrir tareas logísticas de las marchas, se organizan para cocinar ollas comunes y alimentar a los manifestantes, caminan al frente de las marchas coreando arengas, y se dan apoyo mutuamente frente a las agresiones de los trabajadores de la mina y la policía.

Sus cuerpos, igual que el territorio, son víctimas de las agresiones del modelo extractivista del capitalismo. Las ollas comunes fueron pateadas durante el paro regional convocado el 31 de mayo de 2012 por la policía. Fue un acto violento contra el sustento de las personas, como lo es el ataque a la tierra y  el agua, en una zona que vive de la agricultura y la ganadería.

Ni los ataques a su trabajo, ni a sus cuerpos, ni los Estados de Emergencia han conseguido parar a estas mujeres, que en tiempos de aparente calma siguen con su labor. El conflicto Conga ha despertado en ellas la necesidad de formarse y formar e informar. Realizan talleres de todo tipo. Quieren incrementar sus capacidades comunicativas, perder el miedo a hablar en los medios, igual que lo hace el poder patriarcal. Saben que tejer redes con otras comunidades y organizaciones es crucial para la lucha. Y en este documental hemos querido recoger sus voces, conocer las razones que las han llevado a participar en las movilizaciones y organizarse como mujeres. Las hemos acompañado un trozo de su trayecto de aprendizaje y transformación, y nos han transmitido una fuerza y energía para difundir su lucha. Que no es la lucha de una región, sino planetaria. Que no luchan por ellas sino por toda su descendencia y sus propios verdugos, para que todo el mundo independientemente de quién sea y qué haga tenga agua limpia. Es un acto de generosidad y de solidaridad tan grande, que empequeñece este imprescindible trabajo de difusión.

Centro poblado El Tambo (Bambamarca)

Rondas Campesinas Femeninas en Bambamarca

Las Rondas Campesinas son organizaciones sociales que surgen en la provincia de Chota, desde donde se expandieron rápidamente a otras provincias del departamento de Cajamarca y el resto del país. Se considera que la primera ronda se constituyó en 1976, con la finalidad de erradicar los robos de ganado (abigeato) ante la ineficacia de las administraciones locales el Estado para actuar e impartir justicia.

En un principio, los campesinos se organizan para hacer rondas de vigilancia de las parcelas y el ganado. Pero las funciones de las rondas campesinas han ido evolucionando según el contexto político, siendo ahora consideradas un actor político muy influyente en las realidades locales. Este es el caso de Cajamarca, lugar de origen de las rondas, donde se calcula que hay unos 100.000 ronderos.

Actualmente, su actividad está recogida en la Constitución peruana y regulada por la Ley Nº 27908 y su reglamento, que les reconoce el derecho a participar de la vida política del país, capacidad conciliatoria, y apoyo a la administración de justicia en general.

Las rondas se organizan en comités, funcionan de manera asamblearia y por principios democráticos. En muchas comunidades se constituyeron también Rondas Campesinas Femeninas.

Dentro de la transformación de funciones mencionada anteriormente, cabe destacar el papel que han tenido las Rondas Campesinas de Bambamarca en la lucha por la defensa del medioambiente frente a la minera Yanacocha, desde el inicio de sus operaciones en su provincia.  

La participación de la mujer en los comités de ronda locales y provinciales ha transformado la imagen que tienen de ellas mismas y ha fomentado la aparición de dirigentas en la lucha. Aunque en un inicio, la misión de las mujeres en las movilizaciones era ser dispensadoras de alimento, la participación en las protestas las ha colocado al mismo nivel de riesgo y de sacrificio que sus compañeros dirigentes. Las ronderas se muestran orgullosas de haber participado en marchas, frente a la policía, bajo la lluvia y pasando frío, todo por defender el agua y la vida. Este episodio de sus vidas ha transformado la percepción de ellas mismas en algunos aspectos como en la valentía poniéndose ellas mismas al mismo nivel que los hombres. Así nos lo explica Ana María del Centro Poblado de El Tambo, coordinadora del Comité de Defensa de Mujeres que aglutina casi una trentena de Comités de Base de Mujeres de las comunidades del valle.